Nos conocimos en Perú y terminamos en un cerro en Uruguay

47 hectáreas de eucalipto, una casa de 30 m² hecha por nosotros, y todo lo que aprendimos en el camino.

Los dos habíamos renunciado a nuestro trabajo

Antes de conocernos, cada uno por su lado ya había dejado un trabajo de oficina. No teníamos claro qué buscábamos, pero sí que no era eso.

Nos conocimos en Perú en 2018. José estaba viajando, Karla vivía ahí. De esa conversación salió una idea que sonaba simple: juntar plata y comprar tierra.

El plan original era comprar en Perú. Para eso primero había que trabajar.

Australia, Nueva Zelanda, y un objetivo

Dos años en Australia, uno más en Nueva Zelanda. Trabajos de todo tipo, jornadas largas, gastando lo mínimo. Todo lo que entraba iba al mismo lugar.

Volvimos a Perú con la plata juntada y empezamos a buscar dónde comprar. Pero la inestabilidad de ese momento nos hizo abrir el mapa otra vez.

Así apareció Uruguay.

Un monte de eucalipto a 1.800 dólares la hectárea

Uruguay no estaba en el plan. Apareció mirando el mapa, buscando un lugar estable donde la tierra todavía fuera accesible.

Encontramos un anuncio: un monte de eucalipto, 47 hectáreas, a 1.800 dólares la hectárea. El precio nos pareció posible. Fuimos a verlo sin muchas expectativas.

Las vistas nos convencieron. Había desafíos por todos lados y era mucha más tierra de la que necesitábamos para vivir — y justamente eso fue lo que nos hizo pensar que se podía hacer algo más grande ahí.

Lo compramos y nos volvimos a Australia un año más, esta vez a juntar la plata de la construcción.

Empezamos sin saber casi nada

Volvimos y empezamos a construir. Cada decisión la tomamos buscando tres cosas al mismo tiempo: la técnica más sólida, la más económica, y materiales de calidad que pudiéramos pagar.

No siempre las tres coincidían. Cuando no, investigábamos hasta entender por qué.

José

Años atrás no sabía qué era un destornillador Philips. Aprendió a usar cada herramienta y a dominar el wood frame, un sistema que en Uruguay casi nadie usa. Sobre todo aprendió que las dudas se despejan cuando entendés el sistema completo antes de empezar a cortar.

Karla

Empezó dibujando el boceto de la casa en un papel. Terminó diseñando los muebles a medida, calculando costos exactos, manejando las medidas estándar del diseño interior y leyendo la orientación bioclimática del terreno.

Todos nos preguntaban por el agua

La confianza

Habíamos visto el cerro el año anterior, en plena seca, y tenía agua. Hay ojos de agua en el terreno. Estábamos tranquilos: era algo que íbamos a resolver más adelante, con calma.

La duda

Mientras levantábamos la casa, familiares y allegados nos preguntaban por el agua todo el tiempo. Y la pregunta empezó a pesar.

Estábamos en una zona donde no conocíamos a nadie, construyendo una casa entera. ¿Y si al final no había? ¿Y si terminábamos con una casa sin agua?

Los intentos

En Uruguay lo habitual es hacer un pozo perforado, pero era una inversión enorme para nuestro presupuesto. Vinieron dos empresas a probar. Buscaron con radiestesia y no encontraron caudal. Ninguna de las dos nos cobró.

Después nos recomendaron a alguien que hacía cachimbas: captar el agua de manantial, la que sube desde la tierra. Vino, nos explicó, y nos pasó un precio $ 4,800 USD para llevar el agua desde abajo del cerro hasta la casa. Le dijimos que sí.

El derrumbe

Fue el peor momento del proyecto. Los meses pasaban y el trabajo no avanzaba. Llamábamos, prometía venir, se demoraba. Llegó al 20% de la obra, pidió más adelanto, y después pidió más todavía.

No vamos a entrar en detalles de cómo terminó. Perdimos el dinero y, con él, la posibilidad de contratar a otra persona.

Teníamos el presupuesto cerrado etapa por etapa. Sentimos que se nos caía todo el proyecto.

Acá nadie junta agua de lluvia

Dejamos la cachimba en stand by y seguimos construyendo. Durante meses vivimos con bidones que llenábamos en lo de un amigo de la zona.

Con la casa ya terminada, teníamos que decidir. En Uruguay casi nadie recolecta agua de lluvia — no es parte de la cultura, no hay proveedores especializados, no hay información local. Pero era la única opción que nos quedaba.

Instalamos todo nosotros. Resultó ser la mejor decisión que podríamos haber tomado.

Por eso la primera guía que escribimos fue esa.

Cada cosa hubo que resolverla

Lo más grande fue la casa misma: diseñarla según lo que necesitábamos, elegir wood frame sin haberlo hecho nunca, presupuestar material por material. Meses de estudio antes del primer corte.

Pero una casa no es solo la estructura. Todo lo demás también hubo que resolverlo.

1 · Electricidad

Sistema solar autónomo. Calcular el consumo real, dimensionar paneles y baterías, y entender qué se puede y qué no con la energía que tenés.

2 · Agua

Captación de lluvia completa, del techo a la canilla. Lo que empezó como plan B terminó siendo el sistema que recomendamos.

3 · Muebles

Diseñados a medida para 30 m². En una casa chica no sobra ni un centímetro, así que cada mueble se pensó para el lugar exacto donde iba.

4 · El piso

El piso de madera más barato que encontramos. Placas de fenólico, con una forma de cortarlas y sellarlas que descubrimos probando.

Qué hacemos con tantas hectáreas

Compramos mucha más tierra de la que necesitábamos para vivir. Eso, que al principio parecía un exceso, terminó abriendo la posibilidad más interesante del proyecto.

El cerro está rodeado de eucalipto, pero todavía quedan corredores de monte nativo. La idea es ampliarlos y dejar que el monte vuelva solo.

Documentamos este proceso en @cerroperdido

Por eso documentamos todo

Cada cosa que fuimos resolviendo quedó anotada: los precios reales, las decisiones, y también los errores. Escribimos las guías que nos hubiera servido encontrar cuando empezamos.

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